
Esa noche sentí una vez más que estamos conectados, al mismo instante que envié el mensaje, me llego el tuyo… diciendo lo mismo: invitándonos a ver la lluvia de estrellas que habría esa noche y pedir deseos por nosotros. Sorprendida por la casualidad, empecé a pensar en cuál sería mi deseo.
Mi mente empezó a maquinar guiándose por la cabeza y por el corazón, quería desear que lo nuestro se pudiera dar, que no hubiesen mas obstáculos y poder gritarle al mundo que nos queremos sin nada ni nadie que lo impida, pero de pronto también quería desear que te fueras de mi vida, desenamorarme y alejarme de ti. Pensaba una y otra vez antes de ver el cielo, que sería mejor para mí, para ti, me preguntaba si me convenías, si valdría la pena enfrentar todo lo que se vendría por querernos, muchas interrogantes me rondaban la cabeza ¿Qué quería? ¿Qué pedía? ¿Qué sentía?
Después de pensar y pensar, Salí al balcón de donde estaba para enfrentarme a la lluvia de estrellas y pedir mi deseo, cuando salí y miré hacia arriba, el cielo resultó estar nublado y no logre ver ni una estrellita. De igual manera, le pedí ese deseo al cielo encapotado, quien sabe, lo importante no es pedir el deseo, sino de verdad desearlo.
¿Por fin, que desee? Eso no lo van a saber… ni siquiera él.
Como quien dice, amanecerá y veremos.
¿Por qué? Porque así lo digo.